
A mí, personalmente me da mucha rabia oír la
odiosa palabreja en boca de personas muy diversas, incluso de aquellas que para
nada asociaríamos, en principio, a la defensa de posturas machistas; pues se ha
extendido la creencia de que “las feministas” (haciéndose la referencia a ellas
de forma vaga e imprecisa) “a veces se pasan” (sin precisar tampoco en qué).
Por otra parte, los grupos ultra conservadores de siempre, con su inevitable
coro de palmeros en redes sociales, barras de bar y otros foros, nos venden la
imagen de unas feministas feroces, dispuestas a arrasar con el modelo de
familia tradicional, convirtiendo la sociedad en un caos y dispuestas a salir a
la calle como una horda de fieras desatadas, quemando sus sujetadores,
exhibiendo sus bebés abortados ensartados en lanzas y pidiendo la cabeza de
cualquier hombre que ose cederles el paso (el rollizo Limbaugh, de hecho, comparaba la
existencia del derecho al aborto con el holocausto perpetrado por los nazis en
la Segunda Guerra Mundial, de ahí el burdo juego de palabras).
Tales simplismos, dirigidos a orientar la
voluntad de una masa necia y descerebrada, darían risa si no fueran porque
tanta gente se los cree.
El machismo, entendido como la creencia en una
superioridad inexplicable e incontestable de los hombres sobre las mujeres,
existe. Está íntimamente entretejido con las fibras de nuestro tejido social y
cultural y adquiere múltiples formas. Algunas furiosamente explícitas y otras
más sutiles.
Recuerdo a una mujer muy querida, ya
fallecida, que puso a mi esposa de vuelta y media por el horrible pecado de
permitir que yo me planchara una camisa mientras ella estaba tranquilamente
sentada. Tal cosa le resultaba sencillamente inadmisible. He visto a mujeres
llevando el alcohol en botellitas a sus maridos alcoholizados perdidos para que
se tomen el combinado de después de la comida en una reunión familiar. He visto
a una mujer llevar un vasito de agua a su marido porque a éste debía pesarle
demasiado cierta parte para levantarse e ir a por agua él mismo. He sabido de
mujeres que se han tatuado o se han puesto prótesis mamarias sólo porque a sus
maridos les pone… La lista de sinsentidos es vasta, horrible… Pero las
feministas exageran.
Una
mujer tiene que soportar que su jefe le diga que si encontrara a un hombre con
su mismo currículum, la despediría y lo contrataría a él (esto es un hecho
real). La brecha salarial entre hombres y
mujeres en España es del 19,3%… Pero las feministas exageran.
Una mujer tiene que soportar que la miren mal
mientras da de mamar a su hijo cobijada por una marquesina que muestra una
modelo luciendo un escote inusitadamente generoso… Pero las feministas
exageran.
“Es que se saca las cosas de quicio con la
violencia de género, hay muchas denuncias falsas”. El 0,006% de las denuncias
por violencia de género se han demostrado como falsas según datos recopilados
desde 2009 (fuente: Fiscalía General del Estado)… Pero las feministas exageran.

Pero las feministas exageran.
(Continuará)
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