Es muy
fatigoso ver como en España tanta gente se empeña cada 12 de octubre en repetir la
misma cantinela: “que si la leyenda negra”, “que si la mala prensa que dieran a
los españoles los hijos de la pérfida Albión”, “que si la conquista no fue un genocidio”, “que
si las poblaciones indígenas estaban en proceso de franca decadencia”…
Vamos a ver, españoles todos, la conquista de América fue el primer asalto del colonialismo europeo
y fue impulsada por la codicia. Se esclavizó a la población y se la asesinó
cuando convino. Parece ser cierto, eso sí, que la enorme mortandad que se llevó por
delante a poblaciones enteras tuvo que ver más con enfermedades traídas por los europeos (la viruela parece
que fue la estrella principal) que con la espada. Si uno se para a pensar, tiene
cierto sentido. ¿En qué cabeza cabe pasar a cuchillo a toda la población que
tiene que labrar los campos de las encomiendas, excavar en las minas y realizar
todo tipo de trabajos serviles? Esa brutal mortandad de indígenas planteó más adelante la
necesidad de traer ingentes cantidades de cautivos africanos para reemplazar a aquéllos como trabajadores forzados.
Que sí, que sí, que ingleses, portugueses y
franceses fueron igual de criminales en el Caribe y en el continente. ¿Y qué?
¿Qué clase de consuelo o de excusa representa ello? Esta mañana leí un artículo
en el que se reivindicaba la figura del mestizaje, que los españoles
practicaron profusamente sobre todo a raíz de la Real Cédula de 1514 por la que
se legitimaban todas las uniones con mujeres indígenas (como si no las hubiesen
violado antes de eso hasta la saciedad, ¿qué es lo primero que haría un bragado
castellano al poner el pie en tierra después de semanas en un cascarón, sobre
todo si sabía que no iba a tener consecuencias?). A ver si lo entendido: los
españoles fueron menos criminales que los ingleses porque en lugar de aniquilar
a todos los indígenas, se limitaron a matar a los más levantiscos, a esclavizar
al resto y aparearse con sus mujeres para crear una nueva estirpe de mestizos
(y no es que el mestizaje esté mal, pero bajo estas premisas deja un poso muy
amargo).
Esto no es hipocresía. Es poca vergüenza.
Toda América, desde el Ártico hasta Tierra del
Fuego, está cimentada sobre la base de la conquista, la explotación y la
dominación de unos seres humanos sobre otros. La historia es así. Fue la
constante en el Viejo Mundo y también lo fue en el Nuevo, aún antes de la
llegada de los europeos, que no es que los pueblos precolombinos pasaran por
extras de una peli de My Little Pony. Sin embargo, hacer fiesta de un hecho
histórico de violencia y dominación y aprovecharlo además como excusa para la
exaltación de un arquetipo, me parece de una desfachatez abismal. Ese arquetipo
es el caballero español, cristiano, valeroso y fiel a su rey, una figura mítica
que causa las poluciones nocturnas del tradicionalismo más carca, reaccionario,
pacato e ignorante de este país.
Es 12 de octubre de 2018. Han pasado 528 años
desde que Rodrigo de Triana avistase tierra y Colón, que tenía fama de ser un
perfecto cabrón, le escatimase la recompensa de 10000 maravedíes prometida al
primer hombre que avistase tierra, alegando que él la había avistado antes
(bien empezó la historia de los españoles en América, con una estafa a un pobre
currante). Aquella empresa no tenía nada de romántico.
Eran sólo negocios. Hombres que no tenían nada que perder se lanzaban a la
aventura en busca de riqueza, huyendo de la miseria, de una vida sin perspectivas
claras o de la justicia. Los europeos empezaron a esquilmar
América antes de ceder el testigo a EE UU a principios del siglo XX. Las
poblaciones indígenas, diezmadas. Quedan reducidas a ciudadanos de segunda… o
sucesivas.
Lo miremos como lo miremos, sigue sin haber
nada que celebrar.
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