Esta semana ando algo alicaído, será por la proximidad de la Navidad, cuyo oropel decadente me deprime cada vez más. Tengo un par de artículos en la mente que, como en un parto difícil, se resisten a salir. De modo que voy a inaugurar el mes de diciembre proponiéndoles algo ligero que al menos a mí me ha relajado algo la mente y alegrado el semblante: una película de dibujos animados, pero no una película cualquiera, una película irónica, gamberra, un poco tétrica y con un puntito de mala leche: Vampiros en la Habana.

Para los que crean que el cine iberoamericano es un pestiño, Vampiros en la Habana supondrá toda una revelación, porque es divertida y trepidante. Además, en una época como esta en la que toda película de dibujos animados que salta a las carteleras es un producto sintético generado por potentísimos ordenadores, esta pequeña joya nos devuelve a la época en la que el cine de animación se realizaba sobre fondos pintados a mano, filmando el movimiento las figuras fotograma a fotograma. Arte y artesanía se daban la mano para crear magia. La banda sonora, en la que la trompeta con sordina tiene el peso principal, es buenísima; el guión, lleno de golpes de humor, es ingenioso y los diversos acentos de los actores que ponen la voz componen un cuadro lleno de matices. Sólo hay que buscarla es Youtube, tanto la primera como la segunda parte, pero les ahorro el trabajo y les dejo ambas aquí. Que las disfruten.
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