sábado, 19 de noviembre de 2011

ELECCIONES (I)

 Aristóteles consideraba la democracia como la mejor forma de gobierno, pero atendiendo a su propia realidad y él vivió en Atenas en el siglo IV antes de Cristo: una ciudad que no sobrepasaría los 300.000 habitantes, de los que sólo unos 45.000 eran ciudadanos con el derecho y el deber de participar en la vida pública desempeñando cargos y participando en las asambleas. Vemos pues que ya desde su origen la democracia es un orden social profundamente injusto, pues los 255.000 habitantes restantes de la ciudad eran los metecos (currantes libres, pero agobiados a impuestos y sin derechos políticos) y los esclavos (esclavos y punto, sin ningún derecho). Dos milenios y pico después nos encontramos a Wiston Churchill pronunciando la siguiente frase: “La democracia es el peor de los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes”. ¿Qué pasa pues? ¿No hay un sistema político intrínsecamente bueno? Pues va a ser que no, pues todos comparten la inevitable tara de haber sido ideados y puestos en práctica por el ser humano, del cual decía Rouseau que es bueno por naturaleza y que es la sociedad la que lo corrompe. A mí me parece que ya sea la corrupción propia o adquirida, el resultado final es el mismo.

En su Política, Aristóteles planteaba tres maneras de gobierno posibles: la monarquía (el gobierno de uno solo, más virtuoso que los demás), la aristocracia (el gobierno de unos pocos, más virtuosos que los demás) y la democracia (el gobierno de muchos). Lo que chirría es eso de ser más virtuoso o virtuosos que los demás, pues no suele gobernar el que debe, sino el que puede. Por ello la monarquía suele degenerar en tiranía (esto es, el poder unipersonal ganado por la fuerza), la aristocracia en la oligarquía (esto es, el gobierno de los ricos) y la democracia en la demagogia, concepto en el que vamos a detenernos un poco más.Voy a acogerme a la sapiencia de los académicos de la lengua española para definir el concepto. En el diccionario de la RAE encontramos que la demagogia es: 1. Práctica política consistente en ganarse mediante halagos el favor popular. 2. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

 Esta escueta definición me parece demoledora. Merece que se le dedique un rato para que sea meditada detenidamente.

 (Continuará).



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